Elena Rybakina, a una victoria de ser la número uno del mundo, una reina silenciosa

Si vence este miércoles a Zheng en cuartos arrebatará a Sabalenka un trono que le dura desde hace casi dos años Leer Si vence este miércoles a Zheng en cuartos arrebatará a Sabalenka un trono que le dura desde hace casi dos años Leer  

Elena Rybakina está sólo a una victoria de ser la número uno. No necesita ganar el US Open ni tan siquiera llegar a la final. Si este miércoles derrota a Qinwen Zheng en cuartos, será la mejor tenista del mundo por primera vez. Llegó a Nueva York sin poder apoyar bien su pie derecho por una lesión en el talón sufrida en el WTA 1000 de Cincinnati y ahora se dispone a saltar a la gloria. «Es un progreso increíble. Estoy muy contenta de cómo ha salido todo», aseguraba en rueda de prensa, parca en palabras, como siempre.

La actual número uno, Aryna Sabalenka, que este martesderrotó a Linda Noskova por 7-6(1), 3-6 y 7-6(7) y ya está en semifinales, ha aprovechado su reinado para multiplicar su popularidad con celebraciones, emociones, bailes y gestos; es decir, con una personalidad hacia afuera. Si alcanza la cima, Rybakina propondrá todo lo contrario. Cuando gana, aunque sea un Grand Slam, como el pasado Open de Australia, no levanta los brazos, no grita a las gradas, apenas muestra su emoción. Sólo muestra su tenis.

Con 1,84 metros, un saque demoledor y un golpeo plano y profundo, Rybakina juega a quitar tiempo. Con su servicio abre la pista -fue líder de aces el año pasado- y, si lo necesita, con el primer golpe termina de desmontar a su rival. En octavos, ante Naomi Osaka, precisamente una ex número uno, sólo necesitó 66 minutos para cerrar la victoria por 6-1 y 6-4. En este US Open ha ganado sus cuatro partidos sin ceder un set y ante Osaka firmó 29 golpes ganadores, una demostración de hasta dónde puede llegar su juego.

Nacida en Moscú y formada en las escuelas del Dynamo y el Spartak, en 2018, ante la falta de apoyo de la federación rusa, cambió de nacionalidad para representar a Kazajistán. Ganó su primer título WTA en Bucarest en 2019 y, tres años después, en 2022, ya había levantado Wimbledon. El recorrido hasta aquí no ha sido lineal, pero ahora, en plena madurez, disfruta del momento de mayor regularidad de su carrera.

«Claro que quiero el número uno. ¿Quién no lo querría? Es uno de mis objetivos», admitió, aunque inmediatamente rebajó el foco: «Intento afrontar el próximo partido de la misma manera, hacer todo lo que pueda y luchar hasta el final». Y explicó el complicado camino hasta Nueva York: «Mi preparación antes del US Open no fue muy buena. Tuvimos que ir día a día». Hasta este año nunca había pasado de la tercera ronda del US Open y ahora está a una victoria de convertirse en número uno. «Me gusta Nueva York y me encanta el público. Disfruto jugando en estadios así», explicó.

Al otro lado está Sabalenka, que afronta lo que queda de Grand Slam sabiendo que puede quedarse sin número uno. La bielorrusa acumula 98 semanas consecutivas en la cima, desde octubre de 2024, y llega a Nueva York tratando de recuperar la versión arrolladora que le permitió ganar los dos últimos US Open. En Roland Garros ya sorprendió su derrota en cuartos de final y en Wimbledon cayó en octavos, la secuencia que erosionó la continuidad de su dominio.

Pero Sabalenka tampoco tiene ganas de jugar ese partido fuera de la pista. «Me separo completamente de eso porque es sólo hacer conjeturas», dijo sobre las cuentas del ranking. «Sólo intento mantenerme alejada», añadió. La jugadora más expresiva del circuito puede perder el trono; la más reservada puede arrebatárselo hoy sin haber levantado todavía la voz.

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