Si alguna vez has mirado un ventilador en funcionamiento habrás experimentado una pequeña ilusión óptica. Sabes que las aspas siguen ahí. Sin embargo, cuando alcanzan suficiente velocidad, dejan de distinguirse y parecen convertirse en un disco casi transparente. No es magia, es nuestro cerebro el que deja de percibirlas como objetos definidos.
Ahora un grupo de ingenieros de la Universidad Northwestern ha llevado esa misma idea mucho más lejos. Han desarrollado un prototipo llamado Phantom Twist, un dron que gira sobre sí mismo hasta 25 veces por segundo y que, gracias a ese movimiento, resulta aproximadamente diez veces más difícil de detectar que un cuadricóptero convencional.
La innovación no consiste en hacerlo invisible, como explica en un comunicado Michael Rubenstein, líder del equipo responsable del desarrollo del Phantom Twist: “La mayoría de los intentos por camuflar los drones se centran en que se mimeticen con su entorno – señala Rubenstein -. En cambio, nos preguntamos si podríamos diseñar el dron en función de cómo los humanos perciben el movimiento. Esta idea de baja visibilidad mediante el movimiento constante es algo que pocos han explorado”.
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Nos gusta pensar que nuestros ojos funcionan como una cámara de vídeo. En realidad, se parecen mucho menos a una cámara y mucho más a un fotógrafo que hace exposiciones muy rápidas. La retina necesita una pequeña fracción de segundo para acumular suficiente luz antes de enviar la información al cerebro. Durante ese breve intervalo, todo lo que se mueve muy deprisa queda “promediado”. Los detalles desaparecen y solo queda un borrón difuso. Es el mismo fenómeno que produce el desenfoque de movimiento en una fotografía cuando el obturador permanece abierto demasiado tiempo. Nuestro sistema visual hace algo parecido continuamente.
Curiosamente, este mismo límite de nuestra percepción es el que permite que exista el cine. Una película no es un movimiento continuo sino una sucesión de imágenes fijas. Cuando esas imágenes aparecen unas 24 veces por segundo, nuestro cerebro deja de percibir fotografías independientes y construye la sensación de movimiento. Con la televisión ocurre algo similar. Dependiendo del sistema, las imágenes se actualizan entre 50 y 60 veces por segundo, mientras que muchos videojuegos modernos alcanzan 120 o incluso 240 fotogramas por segundo para ofrecer movimientos cada vez más fluidos.
El Phantom Twist juega precisamente con ese mismo mecanismo, pero en sentido contrario. En lugar de crear movimiento a partir de imágenes estáticas, utiliza un movimiento extremadamente rápido para borrar la forma del objeto. En un cuadricóptero convencional, las hélices giran a gran velocidad, pero el cuerpo permanece prácticamente inmóvil. Por eso siempre vemos claramente su silueta. El equipo de Rubenstein decidió cambiar completamente esa idea.
El Phantom Twist utiliza un único motor y una sola hélice. Mientras la hélice gira en una dirección, todo el cuerpo del dron rota en sentido contrario. Así desaparece cualquier punto fijo sobre el que el ojo pueda centrar la atención. En lugar de distinguir una estructura sólida, el cerebro percibe una especie de mancha translúcida que se mezcla con el fondo.
Pero encontrar esa configuración no fue sencillo. El primer paso fue generar digitalmente unas 20.000 configuraciones diferentes del dron. Después emplearon algoritmos de inteligencia artificial para reorganizar baterías, motores, placas electrónicas y contrapesos buscando una distribución que redujera al máximo la visibilidad desde prácticamente cualquier ángulo. Finalmente construyeron el diseño más prometedor y comprobaron que, en vuelo, resultaba alrededor de diez veces menos perceptible que un dron convencional.
Eso sí, conviene poner el hallazgo en perspectiva: el Phantom Twist no desaparece por completo. Todavía puede oírse con claridad y su capacidad de maniobra es inferior a la de los cuadricópteros tradicionales, ya que mantener todo el cuerpo girando limita la forma en que puede cambiar de dirección. Aunque resulte fácil imaginar aplicaciones militares, Rubenstein insiste en que su principal interés está en usos civiles. Un dron menos visible podría observar aves sin alterar su comportamiento, estudiar fauna salvaje, inspeccionar puentes o supervisar infraestructuras sin llamar tanto la atención de las personas o los animales.
Quizá esa sea la parte más fascinante de todo el proyecto. Durante siglos pensamos que para hacer desaparecer un objeto había que cambiar el objeto. El Phantom Twist demuestra algo mucho más curioso: a veces basta con cambiar la forma en que nuestro cerebro lo mira. «La mayoría de los intentos por camuflar los drones se centran en que se mimeticen con su entorno, nosotros nos preguntamos si podríamos diseñar el dron en función de cómo los humanos perciben el movimiento», señalan los responsables del avance.
Si alguna vez has mirado un ventilador en funcionamiento habrás experimentado una pequeña ilusión óptica. Sabes que las aspas siguen ahí. Sin embargo, cuando alcanzan suficiente velocidad, dejan de distinguirse y parecen convertirse en un disco casi transparente. No es magia, es nuestro cerebro el que deja de percibirlas como objetos definidos.
Ahora un grupo de ingenieros de la Universidad Northwestern ha llevado esa misma idea mucho más lejos. Han desarrollado un prototipo llamado Phantom Twist, un dron que gira sobre sí mismo hasta 25 veces por segundo y que, gracias a ese movimiento, resulta aproximadamente diez veces más difícil de detectar que un cuadricóptero convencional.
La innovación no consiste en hacerlo invisible, como explica en un comunicado Michael Rubenstein, líder del equipo responsable del desarrollo del Phantom Twist: “La mayoría de los intentos por camuflar los drones se centran en que se mimeticen con su entorno – señala Rubenstein -. En cambio, nos preguntamos si podríamos diseñar el dron en función de cómo los humanos perciben el movimiento. Esta idea de baja visibilidad mediante el movimiento constante es algo que pocos han explorado”.
Nos gusta pensar que nuestros ojos funcionan como una cámara de vídeo. En realidad, se parecen mucho menos a una cámara y mucho más a un fotógrafo que hace exposiciones muy rápidas. La retina necesita una pequeña fracción de segundo para acumular suficiente luz antes de enviar la información al cerebro. Durante ese breve intervalo, todo lo que se mueve muy deprisa queda “promediado”. Los detalles desaparecen y solo queda un borrón difuso. Es el mismo fenómeno que produce el desenfoque de movimiento en una fotografía cuando el obturador permanece abierto demasiado tiempo. Nuestro sistema visual hace algo parecido continuamente.
Curiosamente, este mismo límite de nuestra percepción es el que permite que exista el cine. Una película no es un movimiento continuo sino una sucesión de imágenes fijas. Cuando esas imágenes aparecen unas 24 veces por segundo, nuestro cerebro deja de percibir fotografías independientes y construye la sensación de movimiento. Con la televisión ocurre algo similar. Dependiendo del sistema, las imágenes se actualizan entre 50 y 60 veces por segundo, mientras que muchos videojuegos modernos alcanzan 120 o incluso 240 fotogramas por segundo para ofrecer movimientos cada vez más fluidos.
El Phantom Twist juega precisamente con ese mismo mecanismo, pero en sentido contrario. En lugar de crear movimiento a partir de imágenes estáticas, utiliza un movimiento extremadamente rápido para borrar la forma del objeto. En un cuadricóptero convencional, las hélices giran a gran velocidad, pero el cuerpo permanece prácticamente inmóvil. Por eso siempre vemos claramente su silueta. El equipo de Rubenstein decidió cambiar completamente esa idea.
El Phantom Twist utiliza un único motor y una sola hélice. Mientras la hélice gira en una dirección, todo el cuerpo del dron rota en sentido contrario. Así desaparece cualquier punto fijo sobre el que el ojo pueda centrar la atención. En lugar de distinguir una estructura sólida, el cerebro percibe una especie de mancha translúcida que se mezcla con el fondo.
Pero encontrar esa configuración no fue sencillo. El primer paso fue generar digitalmente unas 20.000 configuraciones diferentes del dron. Después emplearon algoritmos de inteligencia artificial para reorganizar baterías, motores, placas electrónicas y contrapesos buscando una distribución que redujera al máximo la visibilidad desde prácticamente cualquier ángulo. Finalmente construyeron el diseño más prometedor y comprobaron que, en vuelo, resultaba alrededor de diez veces menos perceptible que un dron convencional.
Eso sí, conviene poner el hallazgo en perspectiva: el Phantom Twist no desaparece por completo. Todavía puede oírse con claridad y su capacidad de maniobra es inferior a la de los cuadricópteros tradicionales, ya que mantener todo el cuerpo girando limita la forma en que puede cambiar de dirección. Aunque resulte fácil imaginar aplicaciones militares, Rubenstein insiste en que su principal interés está en usos civiles. Un dron menos visible podría observar aves sin alterar su comportamiento, estudiar fauna salvaje, inspeccionar puentes o supervisar infraestructuras sin llamar tanto la atención de las personas o los animales.
Quizá esa sea la parte más fascinante de todo el proyecto. Durante siglos pensamos que para hacer desaparecer un objeto había que cambiar el objeto. El Phantom Twist demuestra algo mucho más curioso:a veces basta con cambiar la forma en que nuestro cerebro lo mira. Noticias de Tecnología y Videojuegos en La Razón
