Los sindicatos, los estudiantes y los chalecos amarillos han vuelto a la calle este jueves en la jornada en la que culminarán las protestas de estas últimas semanas. El Ministerio del Interior prevé que unas 780.000 personas salgan a la calle en 260 manifestaciones por toda Francia y ha puesto en marcha un despliegue de seguridad masivo, con 70.000 agentes en todos los municipios donde se prevén manifestaciones. En París, la Delegación del Gobierno ha autorizado una marcha que recorrerá el centro de la ciudad por primera vez en varias semanas —los dos últimos sábados se desplazaron a la periferia para evitar disturbios— con el temor de que pueda derivar en fuertes altercados. Sobre las once de la mañana, la policía comenzó a cargar contra algunas protestas espontáneas.
El Ministerio del Interior espera casi un millón de personas en la calle y despliega 70.000 agentes para evitar nuevos disturbios en unas protestas lideradas ahora por los sindicatos
Los sindicatos, los estudiantes y los chalecos amarillos vuelven a la calle este jueves en la jornada en la que culminarán las protestas de estas últimas semanas. El Ministerio del Interior prevé que unas 780.000 personas salgan a la calle en 260 manifestaciones por toda Francia y ha puesto en marcha un despliegue de seguridad masivo, con 70.000 agentes en todos los municipios donde se prevén manifestaciones. En París, la Delegación del Gobierno ha autorizado una marcha que recorrerá el centro de la ciudad por primera vez en varias semanas —los dos últimos sábados se desplazaron a la periferia para evitar disturbios— con el temor de que pueda derivar en fuertes altercados.
El peso de las marchas de este jueves recae sobre los sindicatos. Si la CGT decidió sumarse a las movilizaciones estudiantiles y a la del 17 de octubre, la CFDT y Fuerza Obrera prefirieron mantenerse al margen a la espera de este jueves.
“La convergencia de las luchas nunca ha sido la doctrina de la CFDT”, justificaba a principios de octubre la secretaria general del principal sindicato francés. “Es la mejor manera de diluir las reivindicaciones y perder de vista cuáles pueden ser las demandas realmente útiles”. Este jueves, los representantes de sectores como el transporte o la sanidad se encontrarán en la calle con los chalecos amarillos y los estudiantes.
Las reivindicaciones sindicales se centrarán en el aumento de los salarios, la protección de los servicios públicos, la defensa del empleo y un reparto más equitativo de la riqueza. La nueva protesta llega en pleno debate por la aprobación de un presupuesto en la Asamblea Nacional. Unas cuentas en las que el Gobierno pretende introducir un ahorro de hasta 54.000 millones de euros para hacer frente al déficit y a la deuda pública (que está en el 119% del PIB) en una fase de estancamiento económico en Francia.

Sophie Binet, secretaria general de la Confederación General del Trabajo (CGT), considera que la jornada de movilización de este jueves será “todo un éxito” y advierte de que, si el Gobierno no responde a las reivindicaciones de los sindicatos, habrá nuevas movilizaciones. Asimismo, se ha felicitado de que el Ejecutivo haya abierto la puerta a una posible subida del salario mínimo interprofesional (SMIC).
Los estudiantes también han obtenido concesiones del Ejecutivo en las últimas semanas. El primer ministro, Sébastien Lecornu, anunció la semana pasada una serie de iniciativas para apaciguar las revueltas. Entre ellas, sustituir el software Parcoursup —que orienta de forma opaca y negligente la carrera de los estudiantes—, limitar el número de alumnos de las clases de segundo de bachillerato a un máximo de 28 personas y crear 15.000 plazas adicionales en la enseñanza superior (principalmente en los ciclos de formación profesional BTS).
El paisaje de fondo, sin embargo, no permite grandes concesiones. El Banco de Francia ha rebajado su previsión de crecimiento para 2026 hasta entre el 0,4% y el 0,5%, muy por debajo del 1% que manejaba a finales de 2025, y ha elevado su pronóstico de inflación hasta el 2,5% para este año, casi un punto por encima de lo calculado meses atrás. La propia entidad admite que ese menor crecimiento, combinado con el encarecimiento de la deuda, empujará el déficit público al 5,2% del PIB en 2026, frente al 5,1% del año pasado. Y la inflación ya se situó en agosto en el 2,4% interanual, acelerando desde el 2,1% de julio, con una energía que se ha encarecido un 16,7% en los 12 últimos meses.
Francia todavía no está en recesión técnica, ya que se necesitan dos trimestres consecutivos de decrecimiento. Pero bastaría con una mínima revisión a la baja de los datos del segundo trimestre para que lo estuviese. El ministro de Economía y Finanzas, Roland Lescure, lo dijo claramente esta semana: “La economía francesa está paralizada”, declaró en la radio France Info. A continuación dijo que, si no se aplica la disciplina presupuestaria que él propone para 2027, el país “se estrellará contra un muro”.
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