¿Impulsar la economía? ¿Investigar la corrupción? ¿Todo junto? El nuevo Congreso demócrata en Estados Unidos decide sus primeros pasos

De Maine a Texas, de Iowa a Carolina del Sur, los demócratas aún no despiertan del ensueño en el que viven desde su mayor triunfo electoral en décadas el pasado martes, y que les ha dado el completo control del Congreso de Estados Unidos. Pero ya empiezan a mover fichas para responder a las exigencias de los votantes en un país que afronta un panorama político completamente distinto al de los últimos dos años. Los líderes del partido aseguran que la nueva mayoría legislativa se centrará en rebajar los costes de la vida y en exigir rendición de cuentas.

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 Los líderes demócratas prometen escuchar las demandas de los votantes en la nueva legislatura  

De Maine a Texas, de Iowa a Carolina del Sur, los demócratas aún no despiertan del ensueño en el que viven desde su mayor triunfo electoral en décadas el pasado martes, y que les ha dado el completo control del Congreso de Estados Unidos. Pero ya empiezan a mover fichas para responder a las exigencias de los votantes en un país que afronta un panorama político completamente distinto al de los últimos dos años. Los líderes del partido aseguran que la nueva mayoría legislativa se centrará en rebajar los costes de la vida y en exigir rendición de cuentas.

Mientras entre los republicanos derrotados ya han comenzado los reproches por la colosal derrota —el viejo rival de Donald Trump en las primarias de 2024, el gobernador de Florida Ron DeSantis, habla de un desastre que pone en peligro la supervivencia misma del partido—, los líderes demócratas no consiguen ocultar la sonrisa tras arrancar a los rivales al menos siete escaños en el Senado y 23 en la Cámara de Representantes.

Con la voz aún ronca tras la noche electoral, el jefe del partido en la Cámara de Representantes, Hakeem Jeffries, dejaba claro que se postulará como presidente de la institución —lo que le colocaría como el tercero en la jerarquía política estadounidense, solo por detrás del presidente y el vicepresidente del país— y aseguraba que las prioridades serán las que les demandan los electores. “Nosotros no trabajamos para Donald Trump”, declaraba. “Trabajamos en favor de los estadounidenses. Y se han acabado los días en que esta cámara funcionaba como una subsidiaria de la Administración estadounidense”.

El líder demócrata en el Senado, Chuck Schumer, se pronunciaba de manera similar. “Lo primero, los estadounidenses quieren que Washington rebaje el coste de la vida… lo segundo, que limpiemos la corrupción en el Gobierno. Y lo tercero, que pongamos coto al caos de Trump aquí y en el extranjero. La guerra contra Irán debe acabar”, apuntaba en una rueda de prensa en el exterior del Capitolio.

“Y no se equivoquen. Allá cuando Trump desafíe la voluntad del pueblo estadounidense o el Derecho, lanzaremos investigaciones, le llevaremos a juicio y aplicaremos todo el peso del control legislativo”, señala.

Estados Unidos salió en masa a votar el martes. Dos años después de que los votantes le dieran la espalda, este partido recuperaba la coalición que le llevó al poder en 2008 y 2012 con Barack Obama, y en 2020 con Joe Biden. Un 70% de los menores de 30 años se inclinó por ellos, por solo un 28% para los republicanos. También lo hizo el 60% de los electores latinos. Incluso un 41% de los votantes rurales les dio su apoyo esta vez, frente al 29% que votó por Kamala Harris hace dos años.

Y una mayoría aplastante lo hizo con la economía en mente. Las encuestas a pie de urna de la cadena de televisión NBC indicaban que el 80% se declaró preocupado por los precios de productos básicos como la gasolina, los alimentos o la sanidad. Y aseguraban fiarse más de los demócratas que de los republicanos para gestionar la marcha de la economía, en un giro radical con respecto a lo que opinaban en las elecciones de 2024.

Pero, pese a las declaraciones de los líderes, puede ser complicado cumplir las promesas. Aunque Jeffries asegura que su bancada puede “caminar y masticar chicle al mismo tiempo”, y ocuparse de todas las prioridades que se han marcado desde el primer momento, el bloque demócrata no es uniforme. Las nuevas estrellas recién elegidas abarcan desde socialistas como Abdul El-Sayed a moderados y muy moderados como el pastor Adam Hamilton. La unidad que da la victoria puede verse puesta a prueba cuando cada grupo intente responder a las demandas de sus respectivos votantes; como ya ocurrió en el primer mandato de Barack Obama en 2008, cuando el partido dejó escapar una mayoría absoluta en el Senado sin ponerse de acuerdo sobre cómo actuar sobre la reforma migratoria prometida en la campaña.

El congresista Greg Casar, de Texas y cabeza del caucus progresista demócrata en la Cámara de Representantes, ha advertido que los demócratas “deben aprobar proyectos de ley lo suficientemente potentes como para atajar de verdad la crisis del coste de la vida” y recortar los precios de los medicamentos y la gasolina. Casar advierte que, de no lograr resultados rápidamente, los votantes pueden sentirse traicionados “y caminaremos como sonámbulos a la elección en 2028 del presidente J.D. Vance”, el número dos de Trump y posible sucesor.

Posibles medidas que se perfilan en el horizonte, y que los demócratas podrían aprobar con relativa facilidad, son leyes para limitar la capacidad del presidente de imponer aranceles. O de continuar la guerra contra Irán. Schumer ya recordaba este miércoles que en los últimos meses algunos senadores republicanos ya se pusieron del lado de la oposición para sacar adelante una resolución sobre poderes de guerra. Pero no está claro si esas medidas conseguirían, de por sí, rebajar precios de los productos.

Otros se aprestan a abrir investigaciones sobre posibles casos de corrupción. El congresista de Maryland Jamie Raskin, miembro del comité judicial de la Cámara de Representantes y que posiblemente pase ahora a presidirla, ha dado a entender su disposición a investigar los perdones a donantes que ha firmado Trump o los negocios de su familia en el terreno de las criptomonedas, entre otros sectores. Más remota, dadas las heridas que puede abrir, parece la posibilidad de abrir un nuevo juicio político —el tercero— contra Trump, después de los que se desarrollaron en 2020 y 2021. Sí parecen más realistas investigaciones sobre miembros del Gabinete de Trump, como el secretario de Defensa Pete Hegseth por su papel en la guerra contra Irán.

“Creo que van a ser unos dos años muy contenciosos. Espero que los demócratas que llegan al poder escojan la reforma, en lugar de la venganza. La reforma promete un futuro mejor. La venganza promete sabotear ese futuro”, opina el encuestador y analista político Frank Luntz. “Va a ser importante ver cuáles son las primeras declaraciones de los líderes demócratas, si dicen ‘vamos a enseñar una lección al presidente’ o si optan por el ‘vamos a calmarnos y vamos a hablar acerca de a dónde queremos ir y cómo queremos llegar allí’ Que muestren respeto a los votantes, y los traten como adultos”.

Según este analista, el triunfo demócrata no representa tanto un respaldo sin paliativos de los electores hacia el partido hasta ahora en la oposición, como una condena sin ambages a la Administración de Trump, su estilo y sus políticas. Los demócratas, según las encuestas previas a las elecciones, cuentan con un índice de aprobación por debajo del 40%.

“Los demócratas no son populares, y la gente no está completamente persuadida por su programa. No han sido específicos. Decidieron que su campaña apostara por ser antirrepublicana, más que prodemócrata. Han logrado un buen resultado electoral, pero eso no les da un cheque en blanco a partir de enero”, recuerda Luntz, en una entrevista por vídeo.

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