Luis de la Fuente destapa en El Hormiguero la trastienda del Mundial: de Trump a lo «inaceptable» de Argentina

El seleccionador llevó la Copa del Mundo al programa de Pablo Motos, censuró el comportamiento de Argentina tras la final, desveló su encuentro con Donald Trump y explicó cómo mantiene a raya los egos en el vestuario de la campeona del mundo Leer El seleccionador llevó la Copa del Mundo al programa de Pablo Motos, censuró el comportamiento de Argentina tras la final, desveló su encuentro con Donald Trump y explicó cómo mantiene a raya los egos en el vestuario de la campeona del mundo Leer  

«Antes sólo silbaban, ahora sólo aplauden». Luis de la Fuente puede resumir en siete palabras lo que significa ganar un Mundial. El seleccionador español entró anoche en El Hormiguero acompañado de la Copa que ha cambiado casi todo a su alrededor. Ahora le paran en los semáforos, bajan la ventanilla para saludarle, las camisetas de la Selección aparecen por todas partes y aquel entrenador cuestionado tantas veces se ha convertido en uno de los tipos más queridos del país. Él, sin embargo, sigue empeñado en que nada cambie demasiado. Ni siquiera cuando Donald Trump aparece en mitad de la celebración de una final.

«¡Para la máquina!», ordenó Pablo Motos cuando la Copa del Mundo entró en el plató. De la Fuente sonreía, sonrió todo el programa. Ya lo dijo él: «Vengo enérgico». No ha parado durante todo el verano y agosto se lo ha pasado viajando y disfrutando precisamente de ese cariño que antes no siempre estuvo ahí. «La gente es cariñosísima y estoy súper agradecido. Estoy parado en un semáforo y se para uno, baja la ventanilla y me hace un gesto», relató. Y hay otra imagen que le hace especialmente feliz: «Muchas camisetas de la Selección, que me encanta». Eso sí, ahora toca actualizarlas: «Hay que poner la segunda estrella».

No se vio el gol que llevó a España a convertirse en Campeona del Mundo en El Hormiguero porque los derechos de emisión no son nada baratos. Lo dijo Pablo Motos para servir de arranque al momento de Luis de la Fuente cantando Quijote en la celebración, pero un lapsus, un fallo estuvo a punto de romper una entrevista de esas que en televisión se dicen perfectas. «No hemos puesto el gol de Ferran porque RTVE nos cobraba tanto dinero que era mejor poner el partido entero, así que nos salía mejor ponerte a ti cantando en la celebración», soltó Motos para después dar paso al karaoke de De la Fuente. ¡Ojo! TVE no tiene nada que ver en esto. Motos y el equipo de El Hormiguero se dieron cuenta rápido y, según terminó el vídeo, entonó el mea culpa: «Perdón, he dicho RTVE y era la Fifa. Perdón». ¿Correrán ríos de tinta?

La Copa estaba allí y la final, inevitablemente, también. Aunque el seleccionador sólo la ha vuelto a ver una vez desde que España se proclamó campeona del mundo. ¿Por qué? La respuesta fue muy De la Fuente: «No vaya a ser que Ferran la tire fuera».

En realidad, ni siquiera cuando la estaba viviendo tuvo demasiadas dudas. «La sensación que tuvimos es que en todo momento teníamos el partido controlado», explicó. Para el seleccionador, una de las grandes fortalezas de este equipo es que «no hay relajación hasta el último momento». «No tuvimos ninguna sensación de agobio».

Y entonces apareció Donald Trump. «¿Ganáis y aparece Donald Trump y se quiere colar en la foto?», preguntó Motos.

El Hormiguero
Luis de la Fuente, durante la entrevista en El Hormiguero.ATRESMEDIA

De la Fuente tiró primero de humor: «Ahí me estaba diciendo: ‘Te mereces el Balón de Oro'».

La realidad fue bastante menos cinematográfica. «No sé qué me dijo porque estoy asimilándolo», reconoció el seleccionador sobre aquel momento. Ante Trump y en plena celebración de un Mundial tampoco parecía el instante adecuado para pedir traducción simultánea.

Mucho menos humorístico se mostró cuando la conversación llegó a Argentina. De la Fuente es amigo de Lionel Scaloni y ambos habían hablado antes de la final. Después, explicó, el seleccionador argentino fue a felicitarle: «Yo le dije que estuviera tranquilo y que me dejara disfrutar ésta, que él ya había ganado una y dos Copas América».

Una cosa es Scaloni y otra lo que sucedió tras el partido.

El seleccionador español quiso separar con precisión lo ocurrido durante los 90 minutos de lo que sucedió después. «Yo no cuestiono lo que pasó en el terreno de juego», afirmó. Y sabe de qué habla: «Yo, que he jugado en la época de los 80… Quien tenga dudas, que lo vea». Para De la Fuente, dentro del campo cada equipo utiliza sus armas y trata de llevar el partido a donde más le interesa.

El límite está fuera.

«Lo que es inaceptable es el comportamiento de después, porque es una imagen que se les queda a los niños. Los niños no pueden verlo y eso es lo que yo cuestioné», sentenció sobre los incidentes posteriores a la final. Una crítica que ya había expresado después del Mundial, cuando calificó aquellas reacciones de «intolerables» e «inadmisibles».

En realidad, toda la entrevista de Luis de la Fuente tuvo un mismo hilo conductor: su particular manera de entender el fútbol y, sobre todo, de manejar a 26 futbolistas que son estrellas en sus clubes sin permitir que ninguna estrella sea más importante que el grupo.

«Somos mucho más que una selección, somos un equipo que tiene valores y en el que no hay egos», aseguró. Según explicó, más del 70% de los partidos que ha disputado España los han terminado ganando futbolistas que habían entrado sustituyendo a otros compañeros. «Los jugadores lo saben. Son los mejores futbolistas, pero también son las mejores personas«.

¿Y qué ocurre cuando alguno empieza a ponerse «estrellita»?

De la Fuente no necesitó demasiados rodeos. Lleva con muchos de ellos desde que eran prácticamente unos niños y asegura que siempre los ha tratado de la misma manera y con idéntico respeto. Pero también dejó una advertencia que explica bastante bien cómo gobierna su vestuario: «Si he visto que no era reconducible, no ha vuelto más».

Y punto.

Durante los 52 días de concentración del Mundial, afirmó, no hubo «ningún tipo de enfrentamiento». Ni uno. Algo que para el seleccionador habla de «la calidad humana de este colectivo». Eso no quiere decir que todos estén encantados cuando son sustituidos o cuando no juegan. «Si alguno pone una carita, lo que les digo no se lo habrá dicho ningún entrenador», advirtió entre risas.

Hay otra herramienta que probablemente le facilite mucho la vida: no lee la prensa.

«Yo no leo prensa desde hace bastante tiempo. Dejé de leerla y soy feliz. Y, sobre todo, soy libre e independiente para tomar cualquier decisión», explicó. No sabe, asegura, qué se dice de él, ni bueno ni malo. Aunque tampoco es completamente inmune: «Bueno, de vez en cuando me dejo querer». Son sus colaboradores quienes leen y quienes alguna vez intentan contarle algo. Él pone un filtro bastante sencillo: «Me dicen: ‘Han dicho…’. Y yo: ‘¿El qué?’. ‘Es una cosa buena’. Vale».

Su método para sobrevivir a un Mundial tampoco parece demasiado saludable desde el punto de vista del sueño. De la Fuente aseguró que durante el torneo dormían «unas cuatro o cinco horas diarias». El ritmo de trabajo era tan intenso que apenas quedaba tiempo libre. Aunque había un ritual sagrado antes de la comida: «Toda la expedición, los cien, nos sentamos y nos tomamos una cervecita». Futbolistas, fisioterapeutas, médicos, técnicos… todos.

Y detrás de todo aparece la idea que De la Fuente ha convertido prácticamente en una doctrina: el trabajo frente a la suerte.

«No creo en la suerte en el deporte», explicó. Sí cree en la suerte de «nacer en una familia que te quiere», de «vivir en un país como España» o de «tener salud». Pero no en que un balón llegue a un determinado sitio por una especie de intervención divina. «Eso es talento». Y remató con una frase que lleva tiempo utilizando y que resume buena parte de su filosofía: «Suerte es la palabra que usan los mediocres para desprestigiar al otro».

Una filosofía que seguramente nació mucho antes de los banquillos. De la Fuente acudió también a El Hormiguero para presentar La vida se entrena cada día, un libro cuyos beneficios irán destinados a la Asociación Española Contra el Cáncer de La Rioja. En él relata una historia que explica bastante bien de dónde viene esa vacuna contra el ego.

Cuando debutó muy joven y empezó a tener dinero se compró un BMW. Volvió a Haro para las fiestas conduciendo su flamante coche y al llegar a casa se encontró con su madre, a la que conocían como Berti. Ella necesitó muy pocas palabras para devolverle a la realidad: «Tú aquí no eres De la Fuente, eres el hijo de la Berti».

Metió el BMW en el garaje y no volvió a sacarlo hasta que se marchó.

«Una vacuna contra el ego», resumió Pablo Motos. «Totalmente».

Quizá por eso tampoco compra otra de las frases sagradas del fútbol: «Las finales son para ganarlas».

«No. Las finales son para jugarlas, porque sólo las juegan dos», corrigió. Llegar hasta allí ya es extraordinariamente difícil y, además, el fútbol tiene una crueldad que De la Fuente conoce bien: puedes ser claramente superior y perder. «Un descuido te puede hacer perder una final».

España no lo tuvo.

Y ahora la Copa del Mundo está ahí, las camisetas llevan dos estrellas y el seleccionador que hace unos años escuchaba silbidos recibe saludos hasta cuando se detiene en un semáforo. No ha sido suerte, claro. A Luis de la Fuente ni se le ocurra decírselo.

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