Al principio de los tiempos (al menos de la cronología robótica de jardín), un cortacésped autónomo era poco más que un Roomba para el jardín. Avanzaba unos metros, chocaba contra un obstáculo, giraba al azar y volvía a empezar. El resultado terminaba siendo aceptable, pero el método era extraordinariamente torpe. Si a eso le sumamos que la instalación de un cable perimetral era inevitable y que la conectividad formaba parte del terreno de lo impensable, sí, teníamos un robot cortacésped, pero básicamente era un cochecito de una pista de Scalextric. Y entonces llegaron los nuevos robots: sin cable, conectados, con mejores cuchillas y resistentes al agua.
Uno de los nombres de ese cambio es LiDAR y lo que distingue al Navimow i220 LiDAR no es que corte mejor el césped, sino que, por primera vez, da la sensación de comprender el jardín por el que se mueve. En lugar de depender de cables perimetrales enterrados o de una estación RTK para triangular su posición, este modelo combina un sensor láser tridimensional con cámaras, inteligencia artificial y conectividad para construir un mapa permanente del terreno. El jardín deja de ser un espacio que recorrer al azar y se convierte en un entorno que el robot conoce. Y esa diferencia se nota desde la instalación.
Configurar un robot cortacésped ha sido tradicionalmente la parte menos agradable de la experiencia. Colocar antenas, buscar cobertura GPS, calibrar posiciones… En este caso el proceso se simplifica enormemente porque basta con instalar la base de carga, conectar la corriente y recorrer una vez el perímetro desde la aplicación móvil para que el sistema genere el mapa. Incluso permite editarlo posteriormente creando zonas independientes, corredores entre parcelas o áreas prohibidas donde nunca deberá entrar. Casi un plug&play. Me tomó más tiempo quitar todo de la caja y conectar la estación de carga que trazar el mapa del jardín de 300 m2.
Generalmente, con este tipo de robots de hogar, es imprescindible descargar la aplicación, registrarse, ponerle nombre al robot (en nuestro caso Greengo) y actualizarla frecuentemente porque el mapa no se ve bien, la red no lo detecta u otros detalles. En este caso (y es uno de los primeros, lo confieso) la aplicación de Navimow es probablemente uno de sus puntos fuertes. Desde ella puede modificarse prácticamente cualquier parámetro: programar horarios, seleccionar únicamente determinadas zonas y altura de corte para cada una, ajustar la dirección de corte para evitar marcas repetitivas sobre el césped, seguir en tiempo real la posición del robot o consultar el historial completo de trabajos realizados.
Respecto al ajuste de altura también me sorprendió, generalmente se manejan en un rango muy preciso con 5 o 6 variantes posibles: este cortacésped tiene unas “tijeras” muy flexibles: desde 20 hasta 70 milímetros en intervalos de apenas 5 mm.
En lo relativo a la superficie del jardín, el i220 LiDAR Pro está diseñado para superficies de hasta 2.000 metros cuadrados. En estos casos una sola carga de batería no alcanza, mínimo precisará de tres cargas y aquí es donde la opción de programación se convierte en imprescindible: lo he probado por la noche programándola a las horas más somnolientas y no se escucha casi nada.
Consejo: si tenemos un jardín por encima de los 500 m2, programar el corte por la noche (la madrugada trae rocío y el corte no es igual de eficiente) ayuda a que cargue solo y vuelva al trabajo desde donde lo dejó. ¿Y si llueve? El i 220 lo sabe y evita salir. Pese a ello puede que le pille el agua en plena faena. No hay problema gracias a su resistencia IP66: no resiste agua a presión, pero el uso de una manguera para limpiarlo no le da ningún miedo.
Donde realmente sorprende es durante la navegación. El robot ya no corta siguiendo trayectorias aleatorias. Planifica recorridos ordenados, comienza por los bordes y después completa el interior mediante líneas paralelas mucho más eficientes. El resultado es un césped con un acabado uniforme y un tiempo de trabajo considerablemente menor que en generaciones anteriores.
El sistema de visión combinado con LiDAR también identifica obstáculos con bastante eficacia y eso que en el “terreno de prueba”, hay mascotas, una piscina y juguetes tirados de forma no estratégica. Solo por probarlo, tiramos un calcetín. Y lo evitó. Lo que me llamó la atención, confieso, fue que no podía ver las imágenes de la cámara que utiliza para ubicarse y detectar hasta 200 obstáculos. Tampoco me preocupa y seguramente se pueda a partir de una próxima actualización. Segway señala que el i220 puede superar pendientes de hasta un 45 % o 24º. Esto no lo pude testar, pero si tenemos un jardín con pendientes importantes, el i220 tiene un hermano mayor con tracción en todas sus ruedas (AWD) por 100 euros más.
Vamos al corte: me sorprendió (gratamente) ver que tenía seis cuchillas. Lo habitual es tres o cuatro, pero con la media docena, el i220 consigue una mayor uniformidad en el corte, el rendimiento es mayor a la hora de triturar la hierba y contribuir a mantener el verde. La parte “negativa” es que hay que reemplazar más piezas… no es un gasto importante y dependiendo de la frecuencia es algo que tarda al menos seis meses en ocurrir.
Otro aspecto interesante es la protección antirrobo. El robot requiere un código PIN desde el primer encendido, incorpora alarma cuando alguien lo levanta y, gracias a la conectividad 4G, puede seguir localizándose incluso fuera del alcance del Wi-Fi. La suscripción de datos es gratuita durante el primer año y posteriormente tiene un coste aproximado de 30 euros anuales, una cifra razonable teniendo en cuenta que también mantiene activa la geolocalización y el seguimiento remoto.
Para terminar, una reflexión personal. Ha llovido mucho desde que en 1999, Dean Kamen fundara la empresa Segway para comercializar aquel biciclo que se desplazaba respondiendo al movimiento humano y que hoy usan turistas y personal de seguridad en aeropuertos. Lo interesante es que el nombre de la empresa proviene de la palabra segue, que en italiano significa pasar de una sección a otra sin interrupción, sin que el oyente se de cuenta . Sí, se usa en música o literatura, pero con el Navimow i220 LiDAR, Segway ha dado en el clavo: no nos damos cuenta que está allí, solo observamos sus resultados.
Veredicto
Tanto la calidad de corte, como la aplicación y el sonido son valores a tener muy en cuenta en este cortacésped. La navegación es muy efectiva y la posibilidad de programarlo y graduar el corte de forma tan precisa, también suman puntos. Y, por si fuera poco, el diseño mantiene una estética que oscila entre los años 1980 y la actualidad más avanzada. En el podio actual de los cortacésped. Este “abolengo tecnológico” dice mucho sobre las cualidades de un robot cortacésped que sobresale en un mercado cada vez más saturado.
Al principio de los tiempos (al menos de la cronología robótica de jardín), un cortacésped autónomo era poco más que un Roomba para el jardín. Avanzaba unos metros, chocaba contra un obstáculo, giraba al azar y volvía a empezar. El resultado terminaba siendo aceptable, pero el método era extraordinariamente torpe. Si a eso le sumamos que la instalación de un cable perimetral era inevitable y que la conectividad formaba parte del terreno de lo impensable, sí, teníamos un robot cortacésped, pero básicamente era un cochecito de una pista de Scalextric. Y entonces llegaron los nuevos robots: sin cable, conectados, con mejores cuchillas y resistentes al agua.
Uno de los nombres de ese cambio es LiDAR y lo que distingue al Navimow i220 LiDAR no es que corte mejor el césped, sino que, por primera vez, da la sensación de comprender el jardín por el que se mueve. En lugar de depender de cables perimetrales enterrados o de una estación RTK para triangular su posición, este modelo combina un sensor láser tridimensional con cámaras, inteligencia artificial y conectividad para construir un mapa permanente del terreno. El jardín deja de ser un espacio que recorrer al azar y se convierte en un entorno que el robot conoce. Y esa diferencia se nota desde la instalación.
Configurar un robot cortacésped ha sido tradicionalmente la parte menos agradable de la experiencia. Colocar antenas, buscar cobertura GPS, calibrar posiciones… En este caso el proceso se simplifica enormemente porque basta con instalar la base de carga, conectar la corriente y recorrer una vez el perímetro desde la aplicación móvil para que el sistema genere el mapa. Incluso permite editarlo posteriormente creando zonas independientes, corredores entre parcelas o áreas prohibidas donde nunca deberá entrar. Casi un plug&play. Me tomó más tiempo quitar todo de la caja y conectar la estación de carga que trazar el mapa del jardín de 300 m2.
Generalmente, con este tipo de robots de hogar, es imprescindible descargar la aplicación, registrarse, ponerle nombre al robot (en nuestro caso Greengo) y actualizarla frecuentemente porque el mapa no se ve bien, la red no lo detecta u otros detalles. En este caso (y es uno de los primeros, lo confieso) la aplicación de Navimow es probablemente uno de sus puntos fuertes. Desde ella puede modificarse prácticamente cualquier parámetro: programar horarios, seleccionar únicamente determinadas zonas y altura de corte para cada una, ajustar la dirección de corte para evitar marcas repetitivas sobre el césped, seguir en tiempo real la posición del robot o consultar el historial completo de trabajos realizados.
Respecto al ajuste de altura también me sorprendió, generalmente se manejan en un rango muy preciso con 5 o 6 variantes posibles: este cortacésped tiene unas “tijeras” muy flexibles: desde 20 hasta 70 milímetros en intervalos de apenas 5 mm.
En lo relativo a la superficie del jardín, el i220 LiDAR Pro está diseñado para superficies de hasta 2.000 metros cuadrados. En estos casos una sola carga de batería no alcanza, mínimo precisará de tres cargas y aquí es donde la opción de programación se convierte en imprescindible: lo he probado por la noche programándola a las horas más somnolientas y no se escucha casi nada.
Consejo: si tenemos un jardín por encima de los 500 m2, programar el corte por la noche (la madrugada trae rocío y el corte no es igual de eficiente) ayuda a que cargue solo y vuelva al trabajo desde donde lo dejó. ¿Y si llueve? El i 220 lo sabe y evita salir. Pese a ello puede que le pille el agua en plena faena. No hay problema gracias a su resistencia IP66: no resiste agua a presión, pero el uso de una manguera para limpiarlo no le da ningún miedo.
Donde realmente sorprende es durante la navegación. El robot ya no corta siguiendo trayectorias aleatorias. Planifica recorridos ordenados, comienza por los bordes y después completa el interior mediante líneas paralelas mucho más eficientes. El resultado es un césped con un acabado uniforme y un tiempo de trabajo considerablemente menor que en generaciones anteriores.
El sistema de visión combinado con LiDAR también identifica obstáculos con bastante eficacia y eso que en el “terreno de prueba”, hay mascotas, una piscina y juguetes tirados de forma no estratégica. Solo por probarlo, tiramos un calcetín. Y lo evitó. Lo que me llamó la atención, confieso, fue que no podía ver las imágenes de la cámara que utiliza para ubicarse y detectar hasta 200 obstáculos. Tampoco me preocupa y seguramente se pueda a partir de una próxima actualización. Segway señala que el i220 puede superar pendientes de hasta un 45 % o 24º. Esto no lo pude testar, pero si tenemos un jardín con pendientes importantes, el i220 tiene un hermano mayor con tracción en todas sus ruedas (AWD) por 100 euros más.
Vamos al corte: me sorprendió (gratamente) ver que tenía seis cuchillas. Lo habitual es tres o cuatro, pero con la media docena, el i220 consigue una mayor uniformidad en el corte, el rendimiento es mayor a la hora de triturar la hierba y contribuir a mantener el verde. La parte “negativa” es que hay que reemplazar más piezas… no es un gasto importante y dependiendo de la frecuencia es algo que tarda al menos seis meses en ocurrir.
Otro aspecto interesante es la protección antirrobo. El robot requiere un código PIN desde el primer encendido, incorpora alarma cuando alguien lo levanta y, gracias a la conectividad 4G, puede seguir localizándose incluso fuera del alcance del Wi-Fi. La suscripción de datos es gratuita durante el primer año y posteriormente tiene un coste aproximado de 30 euros anuales, una cifra razonable teniendo en cuenta que también mantiene activa la geolocalización y el seguimiento remoto.
Para terminar, una reflexión personal. Ha llovido mucho desde que en 1999, Dean Kamen fundara la empresa Segway para comercializar aquel biciclo que se desplazaba respondiendo al movimiento humano y que hoy usan turistas y personal de seguridad en aeropuertos. Lo interesante es que el nombre de la empresa proviene de la palabra segue, que en italiano significa pasar de una sección a otra sin interrupción, sin que el oyente se de cuenta . Sí, se usa en música o literatura, pero con el Navimow i220 LiDAR, Segway ha dado en el clavo: no nos damos cuenta que está allí, solo observamos sus resultados.
Veredicto
Tanto la calidad de corte, como la aplicación y el sonido son valores a tener muy en cuenta en este cortacésped. La navegación es muy efectiva y la posibilidad de programarlo y graduar el corte de forma tan precisa, también suman puntos. Y, por si fuera poco, el diseño mantiene una estética que oscila entre los años 1980 y la actualidad más avanzada. En el podio actual de los cortacésped. Noticias de Tecnología y Videojuegos en La Razón
